miércoles, septiembre 21

Ecos del grito de Dolores en San Luis Potosí

Por: David Martínez
El 18 de septiembre de 1810, Anacleto Moreno, un hombre de confianza del cura del pueblo de Dolores - Miguel Hidalgo y Costilla-, y habitante del municipio de Tierranueva, SLP, se presentó ante el oficial del regimiento de San Luis Potosí, Don José Gabriel Armijo, a quien entregó una carta que le enviaba el padre Hidalgo y que textualmente decía lo siguiente: “En diez y seis de septiembre de mil ochocientos diez, han sido presos todos los gachupines en este lugar; en la fatiga no ha sido menester maltratarlos ni lastimarlos porque ha sido tanto el gentío que alcanzó el número a 31, y tantos de pie y 400 de a caballo, y habiéndolos puestos en la cárcel, fueron pensionados a tomar las armas; de sus intereses no se echado mano hasta ahora, más de los reales para sueldos de toda esta gente, repartiendo en trozos cada un trozo con su comandante, según el número de gachupines que en cada lugar hay; esto es reducuido a quitar esta vil canalla de estos monstruos, ante de que se ejecute la ruina que se espera de que se introduzca la herejía en este reino; y así considero usted hacer lo mismo en este partido, pues no vamos en contra de la ley”.

La respuesta a la carta no se hizo esperar. Anacleto Moreno fue aprehendido por Don José Gabriel Armijo y llevado ante el subdelegado de Santa María del Río, Don Pedro García, quien le tomó la declaración al detenido. Anacleto Moreno reveló que él y José de la Luz Gutiérrez (poseedor de un rancho de vino de mezcal en Peñasco) tenían la orden de Miguel Hidalgo de invitar a los campesinos de San Luis Potosí a unirse a la lucha iniciada dos días antes en el pueblo de Dolores.

El mismo día 18, José de la Luz Gutiérrez se encoentró en Valle de San Francisco (hoy en día, Villa de Reyes) para reunirse con Silverio Carrera, a quien le solicitó que acuda de inmediato al pueblo de Dolores, Guanajuato, ya que el pueblo se había levantado en armas contra los gachupines. Sin embargo, Carrera informó sobre la solicitud al teniente y subdelegado de Valle de San Francisco. En consecuencia, José de la Luz Gutiérrez fue arrestado.

Los subdelegados informan de lo sucedido al intendente de San Luis Potosí, Don Manuel Jacinto de Acevedo, quien mandó redactar un oficio enviado a la hacienda de Bledos. ¿El destinatario? El brigadier, Félix María Calleja, quien contrajo matrimonio con la potosina Doña María Francisca de La Gándara, quien se convertiría en la única virreina totalmente criolla.

A las 20:00 hrs del mismo día 18 de septiembre, el oficio llegó a manos de Calleja, quien de inmediato se trasladó a Valle de San Francisco, en donde obtuvo la confirmación de lo que acontecía en el pueblo de Dolores. Las declaraciones de los detenidos revelaron otros implicados como el alférez, Nicolás Zapata (pariente de José Mariano Jiménez), por lo que fue hecho prisionero y llevado al convento del Carmen. Por su parte, Anacleto Moreno y José de la Luz Gutiérrez fueron trasladados al convento de San Francisco. Los dos conventos se encontraban donde hoy son conocidas plazas de la capital potosina, la de San Francisco y la del Carmen.

En la ciudad potosina había muchos rumores, un hermetismo total entre sus habitantes; no faltaban los pasquines (escrito anónimo de contenido satírico o crítico que se coloca en un lugar público) sediciosos que textualmente decían: “Criollos de San Luis: conviene aprehender a todos los gachupines; no os opongaís al cura de Dolores; Dios lo crió para castigo de estos tiranos. Soldados de San Luis, es preciso desterrar de todo reino a estos ladrones disimulados. No los toqueís a sus vidas porque sería cubrir de oprobio nuestra nación; pero entregadlos al cura de Dolores, si quereís ser felices”.

Calleja organizó sus tropas con las que habría de iniciar la campaña ofensiva contra los insurgentes Las fuerzas estuvieron compuestas por los dos regimientos provinciales de Dragones de San Luis y San Carlos, que por mandato del virrey marqués de Branciforte estaban de guarnición en San Luis Potosí, Charcas y Matehuala. Calleja concentró los cuerpos de la brigada de su mando y al mismo tiempo convocó a la gente de las haciendas inmediatas. Hombres de la hacienda de Bocas y del pueblo de Venado formaron el batallón de infantería “Los tamarindos”, llamado así por el color de la gamuza del uniforme. Los dependientes de haciendas y minas y a varios de los españoles ocupan los puestos de oficiales.

Las fuerzas realistas acamparon en la hacienda de La Pila, en donde Calleja mandó colocar la efigie de Fernando VII ante el cual exigió a los soldados que renovasen el juramento de fidelidad. El 24 de octubre de 1810, Calleja partió con su tropa desde La Pila hasta Dolores, en donde habría de reunirse con otra tropa enviada desde Querétaro para el mismo fin, aplastar a los rebeldes. Este fue el ejército con el que Calleja derrotó en Aculco a los insurgentes.

En días posteriores, el 10 de noviembre y en la ciudad de San Luis Potosí, el capitán Sevilla y Olmedo se dirigió con dos patrullas hacia la zona de San Juan de Dios, donde se le unieron los legos Herrera y Villería. Juntos y cerca de la 1:30 a.m., se dirigieron hacia el convento del Carmen en donde mediante una engañosa petición de confesión lograron entrar para liberar a los presos: Nicolás Zapata y Francisco Lanzagorta, oficial de Dragones provinciales de la reina y que había sido arrestado por expresar su simpatía con la insurrección. En las celdas del convento fueron encerrados los religiosos de la comunidad carmelita.

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