lunes, octubre 3

Una reflexión sobre el 2 de octubre

En la época de nuestros origenes, en la de los aztecas, hubo escritores indígenas que a través de sus códices evocaron los más dramáticos momentos de la conquista española. hay diversos testimonios que a través de la tinta dejaron autores anónimos. Puedo mencionar como ejemplo el manuscrito de Tlatelolco de 1528, en el que se relata lo sucedido a unos seguidores de Quetzalcoátl, que se entregaron a los conquistadores que ya tenían controlado el Valle de México y que destruyeron los cimientos de la cultura azteca. "Llegaron con los libros de pintura bajo el brazo los poseedores de la antigua sabiduría simbolizada por la tinta negra y roja de sus códices. No sabemos por qué voluntariamente optaron por entregarse. Pero los conquistadores les echaron los perros, los comieron. Eran cuatro. Solo uno pudo escapar". Como en cada rincón de la nación prehisánica y desde que llegaron los españoles, la tragedia se hizo presente en Tlatelolco.

443 años después, las letras, ya no del abecedario nahuátl, fueron utilizadas por escritores, intelectuales y periodistas para dejar testimonio de otra tragedia en Tlatelolco, una masacre de mexicanos ocurrida el 2 de octubre de 1968. Como aquellos españoles que echaron los perros a los seguidores de Quetzalcoátl, un presidente de México de nombre Gustavo Díaz Ordaz echó toda la fuerza del poder a cientos de estudiantes que se habían congregado en la Plaza de las Tres Culturas a fin de liquidarlos , de "devorarlos" como toda una bestia y a quien le enardecían las voces que demandaban democracia, justicia y diálogo para iniciar la transformación del país.

Este 2 de octubre, se cumplen 43 años de aquella matanza y como muchas de las actuales generaciones, a quien escribe estas lineas no le tocó vivir aquella década de los sesentas, pero eso no impide que sienta coraje, que quede impactado ante las pocas escenas reales que se tienen sobre aquellos sangrientos días, que sienta lástima y repugnancia al ver la figura fea y burlesca de Gustavo Díaz Ordaz.

La memoria es más fuerte que el olvido. El 2 de octubre no se olvidará jamás de los jamases, lo recuerdan los mexicanos que vivieron esa represión y no solamente los de la capital sino también los que residen en provincia; éstos que en los sesentas fueron estudiantes, hoy, nos comparten esa página negra de la historia de México. Luego a nosotros nos tocará compartir con nuestros hijos la verdad que se conoce sobre los acontecimientos de Tlatelolco.

Doy gracias a Dios por vivir en tiempos en que puedo escribir lo que deseo expresar, porque si estas letras se publicarían durante el sexenio del "monstruo de la laguna negra" -uno de los apodos que el pueblo de México le daba a Díaz Ordaz- por el tema de hoy, en estos momentos ya me hubieran hecho prisionero, ya me estarían desnudando, torturando, o lo que es peor, ya me hubieran asesinado junto con mi familia, quedando mis perros: "Barón" y "Muchacho" como los únicos sobrevivientes y testigos mudos.

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