lunes, abril 7

El día que conocí a Salvador Nava Martínez

Cuando tenía 12 años de edad, tuve la oportunidad de acompañar a una tía a ver a un oculista. Llegamos a un lugar en donde el ambiente y la decoración no era la de un consultorio médico. Había propaganda política, cuyos mensajes en ocasiones veía en algunas partes de la ciudad. En otras partes del lugar en donde nos encontrábamos vi unas siglas que ya las había leído en la prensa escrita, eran las de: FCP, del Frente Cívico Potosino.

Minutos después, vi que se iba acercando hacia donde me encontraba sentado junto con mi tía, una persona cuya cara también ya había visto en medios impresos; era nada más y nada menos que el Dr. Salvador Nava Martínez, quien -para mi gran sorpresa- me extendió la mano para saludarme primero antes que a mi tía. Fue el primer adulto en hacerlo con quien escribe estas líneas, en ese orden;  generalmente, los adultos se saludan primero y luego a los niños. Me sorprendió el gesto de atención del Doctor Nava, y como me llegó a expresar mi madre, eso hablaba de la calidad humana de la persona, la que estaba detrás del hombre que luchaba por la democracia no solo en San Luis Potosí, sino en todo el país. 

El 18 de mayo de 1992, El doctor, Salvador Nava fallecía por una enfermedad terminal. En esa fecha, recordé el día en que el oftalmólogo me extendió la mano para saludarme antes que a mi tía. Fue también el día en donde la historia, a través de los medios de comunicación, empezó a enseñarme el legado político del hombre que buscaba la democracia en San Luis Potosí, que supo despertar a una sociedad potosina para sacurdirse del cacicazgo de Gonzalo N. Santos, que supo guiarla para hacer valer nuestro derecho al voz y voto, derecho que -a pesar de la lucha navista- se seguía pisoteando a base garrotazos, cárcel y siembra de delitos y adjudicación injustas de responsabilidades, como la quema del Palacio Municipal, que no fue más que una operación del PRI de Carlos Jonguitud Barrios con el fin de debilitar el gobierno de Florencio Salazar Martínez, quien pidió licencia en mayo de 1986. 

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